Jesús D. Hurtado Giráldez, profesor de los centros teológicos y consiliario de la Escuela Teológica San Manuel González, ha sido el encargado, este curso, de la lección inaugural de los Centros Teológicos. Ha llevado por título: "Una Iglesia en conversión, Recepción conciliar y proyección pastoral de la Diócesis de Málaga a la luz de la sinodalidad". La inauguración de curso, en la que la pronunció, ha tenido lugar el viernes 25 de septiembre, desde las 18.00 horas, en el Seminario diocesano con la Eucaristía y el posterior acto de apertura y entrega de títulos.
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La apertura de curso en los centros teológicos diocesanos comenzó con la Eucaristía, presidida por el obispo, Don José Antonio Satué, y concelebrada por el vicario general, Javier Guerrero, el vicario de pastoral, Salvador Gil, el rector del Seminario, José Emilio Cabra, el vicedirector de los centros, Rafael Vázquez, el vicario de la Axarquía, Juan Manuel Ortiz, el presidente del Patronato de la Fundación Victoria, Miguel Ángel Criado, el profesor Jesús Hurtado y un gran número de sacerdotes vinculados a los centros diocesanos.
En su homilía, el Obispo aseguró que «dedicar tiempo a la teología es difícil de encajar en medio de las demás responsabilidades habituales de nuestra vida. Por eso, mi asombro, mi admiración y mi gratitud por el tiempo que dedicáis a este aspecto de la vida de la Iglesia que es la formación teológica». Al hilo del pasaje del Eclesiastés que se proclamó como primera lectura, Mons. Satué desgranó que el tiempo dedicado a la teología es «un tiempo valioso», que cuesta, y que «nace en la contemplación creyente, en el mirar con los ojos de Dios» en medio de un mundo de ruidos que mantienen atrapada nuestra atención. También, es un tiempo «vivido en Iglesia», «una experiencia de Iglesia local: el profesorado, sacerdotes y laicos con diversa formación y responsabilidades pastorales; los compañeros procedentes de realidades muy distintas de la vida diocesana; el encuentro, la conversación y la reflexión compartida. Todo ello permite tomar el pulso a la diócesis, caminar con ella y formar parte de la red diversa y unida de la Iglesia que camina en Málaga y Melilla. La búsqueda de la verdad nunca es completamente solitaria. La verdad necesita diálogo, tradición, contraste y comunión», afirmó. También es un tiempo dedicado a conocer a Jesucristo. «Estudiar teología, en el fondo, puede resumirse en buscar respuesta a la pregunta que Jesús nos dirige: “Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?”». Y añadió «conocer mejor a Cristo y el misterio cristiano ensancha la razón, la fe y nuestra capacidad de servir», y por último, «un tiempo para dar fruto a la Iglesia». El obispo invitó: «¿puede vuestro claustro constituir un grupo de trabajo teológico sobre alguno de los aspectos pastorales para los que nuestra diócesis necesita la luz que aporta la teología en sus diversas especialidades?». Concluyó diciendo: «Que este curso sea para nosotros tiempo de atención y de estudio, tiempo de comunión, tiempo de búsqueda de Cristo y tiempo de servicio a la Iglesia. Que nuestro corazón inquieto descubra también la teología como via amoris. Y que el Espíritu Santo, a quien hoy invocamos, haga fecundo ese tiempo y nos enseñe a descubrir en él el tiempo de Dios».
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El acto de apertura se inició con la lectura de la memoria del curso pasado por la secretaria y profesora del CESET Elena López Abelaira. A continuación, la lección inaugural, en la que Hurtado recorrió el camino de conversión de las últimas décadas en la Iglesia diocesana, y que avanza en la actualidad con la fase de implementación sinodal.
Tras ella, los directores de los centros, acompañados de la profesora Ianire Angulo, en representación del decano de la Facultad de Teología de Granada, de la Universidad Loyola, procedieron a dirigir unas palabras a la comunidad educativa reunida, y se hizo la entrega de los diplomas a los alumnos que han culminado sus estudios este año en los centros teológicos y la Escuela Teológica San Manuel González. El acto concluyó de la mano del Vicario General, Javier Guerrero, fue el encargado de pronunciar la fórmula que abre oficialmente el curso, tras encomendarlo al Señor con una breve oración.
ENTREVISTA AL PROFESOR QUE DICTÓ LA LECCIÓN INAUGURAL
Jesús Hurtado es párroco de San Fernando (Málaga), profesor del CESET San Pablo, consiliario de las Escuelas Teológicas San Manuel González y sacerdote referente para los ministerios laicales.
Su lección inaugural parte de su tesis doctoral, una investigación sobre el desarrollo pastoral de la Diócesis de Málaga a partir de la celebración del Vaticano II. ¿Qué le decidió por este tema?
Al principio, tenía pensado profundizar en el tema de mi tesina de licencia, sobre la relación entre los conceptos del pueblo de Dios y laicos en Lumen Gentium, entre sacerdocio común de los fieles y sacerdocio ministerial. Pero al cambiar de Universidad, lo hice también de director de tesis, y este me fue orientando hacia aquí. Investigando un poco en la diócesis de Málaga, me di cuenta de que no se había celebrado un sínodo diocesano aquí desde 1909, con el último obispo malagueño, D. Juan Muñoz, que era de Antequera. Empecé a preguntarme por qué no hubo nunca un acto así, ni antes del Concilio Vaticano II, que eran más de la curia, y después, en que empezaron a ser más abiertos y corresponsables.
Con esa ausencia de sínodos diocesanos, ¿cómo hemos avanzado en la recepción de las propuestas del concilio?
Tuvo que haber otros elementos que ayudaron a implementar el Concilio Vaticano II y toda la novedad que traía. A partir de los boletines de la diócesis, investigué esos otros instrumentos que ayudaron a la recepción del concilio, que parten de descubrir el valor de los laicos, la corresponsabilidad que tienen en la misión evangelizadora de la Iglesia. Y a partir de ahí, desde esos encuentros del Pueblo de Dios que hubo en la época de D. Ramón Buxarrais, o las Asambleas Diocesanas de Pastoral, que dieron lugar, primero, a unos esbozos de proyectos pastorales, y después a la época de los grandes proyectos pastorales con D. Antonio Dorado. Todo eso dio también lugar al desarrollo de los instrumentos de corresponsabilidad que se han ido implementando después del concilio, hasta la actualidad: el consejo presbiteral, el consejo pastoral diocesano, los consejos pastorales parroquiales… Todos estos instrumentos que nos ayudan también a ver que tenemos que trabajar juntos todos en la misión evangelizadora.
¿Qué aportó la Evangelii gaudium en este camino de ser la Iglesia que Dios quiere y el mundo necesita?
Ha sido un soplo de aire fresco. Es verdad que ha habido muchas cosas que han ayudado a la recepción del concilio y a seguir implementándolo en nuestra Iglesia, pero Evangelii gaudium ha dado un nuevo impulso evangelizador, con la frescura que trajo el papa Francisco, y unido a dónde nace Evangelii gaudium, de esa mezcla entre la teología del pueblo, de Argentina, que es una rama de la Teología de la Liberación, y también del documento de Aparecida, meramente evangelizador. Evangelii gaudium nos ayudó también a ver que nuestra Iglesia no puede quedarse encerrada en sí misma, anquilosarse y cerrar las puertas, quedarse solo en celebrar sacramentos y poco más, sino que tiene que ser una Iglesia en salida, hacia las periferias, como decía el papa Francisco, entendidas no sólo como lo más lejanos o los más pobres, sino también ver cómo la conversión pastoral y sinodal, a la que nos invita Evangelii gaudium en nuestra diócesis, parte de las periferias que, como decía Yves Congar, son la base, el pueblo que anima a esa conversión, a ese volvernos también Iglesia en salida, y que tiene que ser corroborado por el centro, sería la jerarquía, la Iglesia también en su totalidad, que asume y acoge toda esta frescura y este proyecto de ser Iglesia en salida.
Pero aún hay mucho camino por hacer. Su trabajo está de plena actualidad, más aún con el impulso de la sinodalidad, que nos llama a ser Iglesia en conversión… ¿qué pasos destaca de este inicio de la implementación sinodal que estamos desarrollando?
La Iglesia necesita estar siempre en continua reforma. Y esta reforma, desde la sinodalidad, se da en un doble proceso de conversión, pastoral y sinodal. La conversión pastoral, según la idea de Francisco, busca el paso de una Iglesia autorreferencial a una Iglesia en salida. Y la conversión sinodal, por su lado, busca el paso de una Iglesia clerical a una Iglesia corresponsable, en la que todos los miembros seamos verdaderos protagonistas de esa misión evangelizadora. Por eso, la sinodalidad es el camino hacia donde debe dirigirse esa reforma que necesita nuestra Iglesia hoy en día. Y no comienza por el cambio de estructuras, porque ya las tenemos, sino por el cambio de mentalidad, que es lo más importante. Y ese se da con el tiempo, con paciencia, en los procesos, aprendiendo… Como dice la misma palabra sínodo, caminando aprendemos también a ser Iglesia sinodal. Ya estamos dando pequeños pasos: la Asamblea de final de curso del año pasado, fruto de ese proceso de implementación del sínodo, fue un regalo para nuestra Iglesia diocesana, que se vio que tenía ganas y necesidad de volver a unirse, de seguir caminando en este proceso sinodal, de corresponsabilidad y de querer cambiar esta mentalidad de Iglesia.
Hemos hablado ya en muchas ocasiones de las actitudes de la espiritualidad sinodal, pero el camino se hace al andar. ¿Cuáles considera las herramientas imprescindibles en una comunidad sinodal? ¿Qué signos nos dicen que vamos avanzando por el buen camino?
Hay cuatro actitudes básicas que podíamos implementar para seguir caminando en este estilo sinodal que buscamos. Son la escucha, el discernimiento, el diálogo y la toma de decisiones. Son como esos cuatro elementos que nos ayudan a cambiar nuestra mentalidad sinodal. Nosotros tenemos experiencia de eso y vamos avanzando en ese camino. En los últimos meses, en la diócesis se nos ha animado a hacer la conversación en el Espíritu, ese método de discernimiento que comenzó haciéndose en las etapas previas del Sínodo sobre la Sinodalidad y al que también en esta fase posterior se anima a todas las comunidades parroquiales y a todos los grupos. Creo que es una buena herramienta. Y, también, el tema de la toma de decisiones es importante porque los consejos pastorales que tenemos son consejos que no toman una decisión final, sino que lo hace la persona que está encargada de ese consejo, el responsable final. Son consejos consultivos y no deliberativos. Pero eso no quiere decir que en la decisión final que se toma no se tenga en cuenta todo lo que se discierne en ese consejo, siempre sabiendo que es el Espíritu Santo el que inspira también nuestra conciencia y nuestro entendimiento para poder dar la mejor respuesta para el bien de la evangelización de la Iglesia y poniéndose en sus manos para que no sea un proceso solo meramente humano, sino que ahí el Espíritu va actuando.
¿Cómo acoge el comienzo de desarrollo de un nuevo Plan Pastoral a la luz de este momento en que nos encontramos?
Creo que nos encontramos en un buen momento diocesano, con muchas ganas de buscar ese horizonte hacia el que podamos caminar, y caminar todos juntos, como afirma la misma idea de la sinodalidad. En este plan pastoral tendremos que hacer un proceso de preparación en el que participamos todos, con esa capacidad que tenemos todos a través del bautismo y por el Espíritu Santo para discernir la mejor manera de evangelizar, de anunciar a Cristo en nuestras parroquias, nuestra diócesis, movimientos, hermandades y cofradía y en nuestras congregaciones religiosas. El Espíritu Santo es el que irá ayudándonos a ir discerniendo la mejor manera. Y después también acogiendo la decisión final que se tome, el proyecto pastoral, el plan pastoral que se realiza, y llevándolo a cabo en cada uno de nuestras parroquias. Para ello es muy necesario que todos -y especialmente los sacerdotes, que estamos ahí al frente de las parroquias, como responsables últimos- nos convenzamos, aunque también sabemos que en esto de la sinodalidad, todos somos corresponsables en la evangelización de la Iglesia.
¿A qué le gustaría ayudar con su lección inaugural?
Con mi lección inaugural, me gustaría que la gente cayese en la cuenta de lo mismo que he aprendido y he podido descubrir yo. Que nuestra Iglesia diocesana es una Iglesia muy rica, que en nuestra historia, por lo menos la reciente del posconcilio, hay muchos elementos que nos hablan de este proceso que estamos haciendo, desde D. Ángel Herrera Oria hasta con nuestro obispo actual, D. José Antonio, y que nos va ayudando a conocer nuestra diócesis, una diócesis que ha estado también muy volcada hacia afuera, hacia el ad extra en lo eclesial, pastoral, en la relación de Iglesia-Mundo de la que nos habla Gaudium et spes, pero también una Iglesia que se ha ido fortaleciendo interiormente, que se ido edificando en ese ad intra. Creo que tenemos que aprender mucho de nuestra historia, de todo lo que se ha hecho, para poder también continuar viendo lo que el Señor quiere para nuestra diócesis, pero sabiendo que tenemos una rica historia y unos ricos precedentes de hombres y mujeres que han estado ahí ayudando a desarrollar el mejor estilo para evangelizar, para anunciar a Cristo en todos los rincones de nuestra diócesis.
