Fuencisla es una de las 60 personas mayores que viven en la residencia de las Hermanitas de los Pobres, en Málaga. Una casa muy especial a la que tenía claro que quería ir a vivir para servir, lo que pudiera, en sus últimos años de vida.
Y es que, para Fuencisla, la casa de las Hermanitas de los Pobres es «la maravilla de las maravillas. Yo la llamo la antesala del cielo. Para mí la oración diaria es importante y en esta casa la tengo a mano, tengo al Señor en la capilla».
Fuencisla llegó a las Hermanitas con 79 años y ahora tiene 82 y mucha vitalidad, además es muy consciente de que «según las circunstancias que tenemos y la edad, en cada momento podemos aportar nuestros dones»; y en esta casa «el servicio a los demás y el amor es lo que predomina. Aquí, quien lo desea, pone sus dones al servicio de los demás. Cuentan con cada una y cada uno de nosotros. Somos importantes para ellas».
La decisión de venirse a vivir a esta casa la tomó Fuencisla siendo aún joven: «era voluntaria en la casa de las Hermanitas y venía con mucha frecuencia. Por las circunstancias de la vida, una operación muy seria me hizo cambiar mi rutina de vida por completo y me di cuenta de que ya no podía hacer muchas cosas que antes hacía, tenía que bajar el ritmo. He sido una militante de mi época, en la transición, en la época de la batalla campal de la clase obrera, en la HOAC… y sé que ahora puedo hacer muy poco en la calle pero, sinceramente, en esta casa soy una servidora y puedo hacer muchas cosas; y no lo hago porque me lo ordenen, sino porque me sale del alma y deseo hacerlo».
María tiene 87 años y lleva 8 viviendo con las Hermanitas. No está casada ni tiene hijos pero sus sobrinos son muy cariñosos con ella, la quieren muchísimo y están muy pendientes de ella; pero para María la casa de las Hermanitas es su hogar. «Ayudo en lo que puedo y lo hago con muchísimo gusto. He vivido muchos años y aquí estoy hasta que el Señor quiera. Le doy muchas gracias a Dios por todo».
Emilia tiene 83 años y lleva 7 viviendo con las Hermanitas. «Al principio me costó un poco adaptarme porque pensaba que, como en casa de una en ningún sitio, pero estoy muy feliz. Le doy gracias a Dios porque me quieren mucho y son mi familia».
La Navidad se vive con mucha alegría en esta casa y la llegada de los Reyes Magos también. «Lo vivimos con mucha ilusión», afirma Emilia, «yo estoy deseando que lleguen».
«La fiesta de los Reyes Magos es para nosotras volver a renacer con la ilusión de un niño o de una niña, sinceramente», añade Fuencisla, «desde la preparación de la carta con todo cariño y detalle».
Y el día de Reyes, sus majestades visitan la casa acompañados de pajes y música, para repartir a los mayores lo que cada uno pidió en su carta.
«La Navidad es alegría y amor, y la vivimos con profundidad en esta casa», explica Sor Julia, Hermanita de los Pobres y directora de la casa, «cuidamos la liturgia de estos días, los cantos, la preparación de la casa, los arreglos navideños, la comida… Es vivir el amor. Jesús se hace hombre, se hace amor».
Y el día de los Reyes Magos es también muy especial para esta casa pues «contamos con pajes reales, con asociaciones que se ofrecen para hacerlo posible. Cada uno escribe la carta y le traen justo lo que piden, además de contestarles con otra carta. Es muy bonito. No piden cosas grandes pero lo viven todo con mucha ilusión, como si fueran todavía pequeños», añade Sor Julia.
