Homilía de Mons. Jesús Catalá durante la Eucaristía celebrada en la Catedral con motivo del rito de la elección de los catecúmenos.
RITO DE LA ELECCIÓN DE LOS CATECÚMENOS
(Catedral-Málaga, 9 marzo 2025)
Lecturas: Dt 26, 4-10; Sal 90, 1-15; Rm 10, 8-13; Lc 4, 1-13.
(Domingo Cuaresma I - C)
1.- Liberación de la esclavitud
El libro del Deuteronomio nos ha recordado las gestas que Dios hizo en favor de su pueblo, salvándolo de la esclavitud de Egipto: «Los egipcios nos maltrataron, nos oprimieron y nos impusieron dura servidumbre. Y el Señor nos sacó de Egipto con mano fuerte y tenso brazo en medio de gran terror, señales y prodigios» (Dt 26, 5-8).
Nosotros hemos sido también liberados de nuestras cadenas, perdonados de nuestros pecados, sacados de las tinieblas a la luz y salvados de nuestra situación personal. Es probable que no nos demos cuenta de que vivimos muchas veces en esclavitud; y la Palabra de Dios nos ilumina y nos hace caer en la cuenta de ello. ¡Demos gracias a Dios por la llamada a la libertad, que nos ha dirigido y hemos aceptado!
Cada uno de vosotros, queridos catecúmenos, tiene su historia personal en la que la acción salvadora de Dios se ha manifestado. Tal vez habéis vislumbrado la luz en medio de su tiniebla; habéis experimentado la libertad, que ha roto las ataduras de vuestro corazón; habéis descubierto el amor verdadero, muy distinto de lo que nuestra sociedad llama “amor” que es todo lo contrario; habéis visto vuestro egoísmo y habéis renunciado a él; habéis percibido que la entrega al otro, verdadero amor, es mejor que la posesión del otro.
2.- Las aguas sanantes del bautismo
Una vez liberado, el pueblo de Israel atravesó el mar Rojo, símbolo del bautismo.
Los cristianos hemos sido bautizados en Cristo Jesús, obteniendo el perdón del pecado original y de los demás pecados personales cometidos contra el amor de Dios. Los catecúmenos os preparáis para recibir el bautismo y los demás sacramentos de la iniciación cristiana en la próxima Pascua. En el bautismo somos lavados del pecado, liberados de la esclavitud y salvados.
La cuaresma nos invita a prepararnos para la gran fiesta cristiana de la Pascua, en la que celebramos solemnemente el bautismo, que es “pascua”, paso de la muerte a la vida. Porque el camino cuaresmal es camino bautismal; los catecúmenos para recibirlo y los ya bautizados para renovarlo y actualizarlo. Agradezcamos a Dios la salvación que nos ofrece.
3.- El camino hacia la Pascua
La Cuaresma es camino hacia la Pascua; como la vida humana es camino hacia la Tierra prometida, la verdadera patria del cielo. Hoy iniciáis una carrera; pero no es “corta”; ni siquiera es una carrera de cuarenta días hasta la próxima Pascua para recibir los sacramentos de iniciación cristiana, como si ésta fuera la meta. Esta carrera es de “fondo”, de muy largo fondo; porque termina en el último momento de la vida temporal. Para conseguirlo, ya os hemos dicho que no estáis solos; porque os acompaña toda la Iglesia, que reza por vosotros y os sostiene; os acompañan vuestros catequistas, vuestros párrocos, vuestras familias o las personas con las que habéis iniciado este camino. Tenéis, sobre todo la gracia de Dios. Así que, ¡adelante!
Queridos catecúmenos, la Iglesia hoy celebra con vosotros el rito de la “elección” como preparación inmediata a vuestro bautismo. Seréis bautizados en este año Jubilar. Recordad siempre, pues, que Dios os eligió y os hizo hijos adoptivos suyos, regalándoos la fe, la esperanza y la caridad en el Jubileo 2025, que celebra este aniversario de la Encarnación del Hijo de Dios. Igual que soléis celebrar el cumpleaños, una vez bautizados, celebrad también el aniversario de vuestro bautismo, como nacimiento a la vida nueva en Cristo.
4.- Las tentaciones de Jesús
El evangelista Lucas nos narra las tentaciones de Jesús, quien es conducido por el Espíritu al desierto y es tentado por el diablo. Es uno de los relatos más desconcertantes de la vida de Jesús, que planteó interrogantes a sus primeros seguidores y también lo hace a nosotros hoy: ¿El Hijo de Dios, pudo ser tentado Jesús? ¿Por qué quiso someterse a la tentación? ¿Cómo es posible que el Señor, vencedor del pecado y de la muerte, fuera tentado? Por eso no debemos extrañarnos de que nosotros seamos tentados.
Los primeros cristianos carecían de una teología sistemática como la nuestra sobre las dos naturalezas de Jesús, divina y humana. Jesús es Hijo de Dios; pero, a la vez, es realmente humano.
a) La primera tentación se dirige a la satisfacción de las necesidades básicas: «Si eres Hijo de Dios, di a esta piedra que se convierta en pan» (Lc 4,3). Jesús responde: «Está escrito: No sólo de pan vive el hombre» (Lc 4, 4).
El diablo tienta para que busquemos sólo la satisfacción de las necesidades naturales y desviarnos de las cosas espirituales. Pero el hombre, creado a imagen y semejanza de Dios (cf. Gn 1, 26) es mucho más que un cúmulo de deseos y necesidades; debe alimentarse de la Palabra de Dios y del Pan eucarístico.
b) La segunda tentación consiste en usar del poder para provecho propio. El diablo le muestra todos los reinos de la tierra: «Te daré el poder y la gloria de todo eso (…). Si tú te arrodillas delante de mí, todo será tuyo» (Lc 4, 6-7). Y Jesús responde: «Está escrito: Adorarás al Señor tu Dios y sólo a él darás culto» (Lc 4, 8).
El Señor nos pide la renuncia a los “ídolos” falsos, que adora nuestra sociedad, porque esos no dan la felicidad ni sentido a la vida; pueden dar, tal vez, un poco de placer momentáneo. Estáis llamados a vivir algo mucho más grande, queridos catecúmenos. Sólo Jesucristo es nuestro único Salvador; sólo él llena nuestra vida de sentido; sólo él nos hace ser mejores personas.
c) Y la tercera tentación consiste en poner a prueba a Dios, buscando el éxito. El diablo lleva Jesús sobre el Templo de Jerusalén y le dice: «Si eres Hijo de Dios, tírate de aquí abajo» (Lc 4, 9); «porque está escrito: Ha dado órdenes a sus ángeles acerca de ti, para que te cuiden» (Lc 4, 10). Y Jesús le responde: «Está escrito: ‘No tentarás al Señor tu Dios» (Lc 4,12).
Citando frases de la Sagrada Escritura, el diablo invita a poner a Dios a prueba para buscar el éxito personal. Esta tentación es muy sutil; la oímos muchas veces en boca de nuestros paisanos, cuando piden cuentas a Dios de lo que les sucede y se enfadan con Dios, porque las cosas no les salen como ellos quieren. ¡Cuántas veces hemos oído o hemos dicho: ¿Por qué Dios permite ciertos desastres, muertes, enfermedades? Pero Dios no tiene la culpa de eso; la tenemos las personas porque hacemos mal las cosas. Podríamos poner muchos ejemplos.
5.- Rito de la “elección” de los catecúmenos
En este primer domingo de Cuaresma celebramos el rito de la «elección» o «inscripción del nombre» de los catecúmenos (cf. Ritual de la Iniciación Cristiana de Adultos, 133-142), a quienes hemos recibido en la puerta del templo al comenzar la celebración.
Queridos catecúmenos, habéis sido llamados por el Señor a la vida nueva que os proporcionará el bautismo, por el que os convertiréis en hijos adoptivos de Dios en Jesucristo, su Hijo, y miembros de la Iglesia. Siendo esto así, no podemos criticar a la Iglesia como si fuera una realidad externa a nosotros. Porque todo cristiano es miembro de la Iglesia; y criticarla a ella no es solo criticar al papa, a los obispos o a los sacerdotes, sino que es criticarte a ti mismo. A partir del bautismo somos hijos adoptivos de Dios-Padre, hermanos de Jesucristo, templos del Espíritu Santo y miembros de la Iglesia.
6.- ¡Buen camino cuaresmal!
Os deseamos un buen camino cuaresmal, que sea a la vez un fecundo camino bautismal. ¡Empezad bien la “carrera de fondo” y no os echéis atrás! Toda la Iglesia reza diariamente por vosotros; no estáis solos; y Cristo está con vosotros.
Y como la Iglesia nos invita a que profundicemos más en la Palabra de Dios, os invito a leer en este tiempo cuaresmal, personalmente o en familia, el evangelio de san Lucas, que coincide con el ciclo litúrgico “C”. Lo he dicho también en otras celebraciones; de esa manera podemos decir que toda la diócesis de Málaga estamos leyendo este evangelio.
El Espíritu Santo, que empujó a Jesús al desierto, os acompañe en el proceso personal de conversión y en el camino cuaresmal hacia la Pascua.
Y que María Santísima, Madre de Dios y madre nuestra, os acompañe y os cuide con su amor maternal. Amén.