Homilía de Mons. Jesús Catalá en la Eucaristía con motivo de la fiesta de Santa María Madre de Dios celebrada en la Catedral de Málaga.
SANTA MARÍA MADRE DE DIOS
(Catedral-Málaga, 1 enero 2025)
Lecturas: Nm 6, 22-27; Sal 66, 2-8; Gal 4, 4-7; Lc 2, 16-21.
Santa María, Reina de la paz
1.- Celebramos hoy la fiesta litúrgica de la maternidad de la Virgen María, madre Jesucristo, Redentor del mundo y Príncipe de la Paz (cf. Is 9, 5). Por ello la llamamos a Ella “Reina de la paz”.
El libro de los Números recoge la bendición que Dios le transmitió a Moisés para el pueblo de Israel. El sacerdote Aarón debía utilizar esta fórmula: «El Señor te bendiga y te proteja» (Nm 6, 24); «Ilumine su rostro sobre ti y te conceda su favor» (Nm 6, 25); «El Señor te muestre su rostro y te conceda la paz» (Nm 6, 26).
Ésta es la bendición más antigua que se conoce y que tomó san Francisco de Asís para bendecir al hermano León: “El Señor te bendiga y te guarde; te muestre su faz y tenga misericordia de ti. Vuelva a ti su rostro y te conceda la paz. El Señor te bendiga”.
Éste es nuestro deseo para todos vosotros, queridos fieles, al inicio del presente año 2025. ¡Que Dios os bendiga con su amor, que os acompañe con su presencia, que os proteja con su mirada y os conceda su Paz! Remarcamos “su Paz”, porque la paz entre los hombres es muy frágil y se rompe con las armas. En cambio, la Paz de Dios es misericordia, perdón y amor.
Entre las actividades del Jubileo 2025 hemos dedicado una intención para cada mes del año; y en este mes de enero lo dedicamos a la “paz”. Os invito a rezar por la paz y a ser constructores de paz.
2.- Celebramos hoy la Jornada mundial de la Paz. El papa Pablo VI instituyó esta fecha como un día especial de oración por la paz universal, en la feliz concurrencia de la octava de Navidad, del primer día del nuevo año y de la solemnidad de la Madre de Dios.
Y nos exhortaba con estas palabras: “Es también una ocasión apta para renovar la adoración al recién nacido príncipe de la paz, para escuchar una vez más las alegres noticias del ángel; y para implorar a Dios, a través de la Reina de la Paz, el don supremo de la paz” (Marialis cultus, 5).
Todo el mensaje de Navidad puede resumirse en la palabra "Paz", que la Iglesia trata de dar al mundo. En palabras de san León Magno, "el nacimiento del Señor es el nacimiento de la paz", que es el don de Dios a nosotros y también nuestro regalo a él, pues nada más agradable a Dios que los hermanos conviviendo en paz (cf. Sermón 6 para la Navidad).
3.- En su Mensaje para la LVIII Jornada mundial de la Paz 2025 (Vaticano, 8.12. 2024) el papa Francisco nos propone la reflexión sobre dos aspectos: el perdón de nuestras ofensas con ocasión del Jubileo 2025; y la petición de la paz a Dios.
En primer lugar, nos invita a escuchar el grito de la humanidad amenazada y a buscar la justicia liberadora de Dios (cf. Spes non confundit. Bula de convocación del Jubileo 2025 [2024], 8).
Estamos llamados a ser voz crítica de tantas situaciones de explotación de la tierra y de opresión del prójimo, que son estructuras de pecado (cf. Juan Pablo II, Sollicitudo rei socialis [1987], 36).
Los bienes de la tierra no están destinados sólo a algunos privilegiados, sino a todos (cf. Francisco, Spes non confundit [2024], 16). Por ello el Papa invita en este Año jubilar a emprender acciones de remisión de la deuda externa de los países más pobres (cf. Ibid.).
También nos anima a “promover el respeto de la dignidad de la vida humana, desde la concepción hasta la muerte natural, para que toda persona pueda amar la propia vida y mirar al futuro con esperanza” (cf. Ibid., 10).
5.- Y, en segundo lugar, el Papa nos invita en su Mensaje a buscar la meta de la paz. Quienes emprendan el camino de la esperanza podrán ver más cercana la tan anhelada meta de la paz.
En el año 2025 debe crecer la verdadera paz, que es regalo de Dios a un corazón desarmado, que no se apropia de lo ajeno; un corazón que disipa el egoísmo; un corazón que no duda en reconocerse deudor respecto a Dios y que está dispuesto a perdonar al prójimo; un corazón que supera el desaliento por el futuro con la esperanza de que toda persona es un bien para este mundo (cf. Ibid., 13).
6.- La Madre de Dios, Reina de la paz, nos precede y nos confirma en la fe y en la misión; y nos anima a trabajar incansablemente por la paz. Con su ejemplo de humildad y de disponibilidad a la voluntad de Dios nos acompaña en el anuncio gozoso del Evangelio.
Nuestra misión, queridos hermanos, será fecunda porque está apoya sobre la maternidad de María, Reina de la paz. A ella confiamos nuestro itinerario de fe, nuestro caminar en el año Jubilar como “Peregrinos de Esperanza” con los buenos deseos de nuestro corazón por la paz mundial y las necesidades del mundo entero.
7.- Al inicio del nuevo Año acojamos el tesoro de la bendición divina, y respondamos agradecidos a Dios por su misericordia y su paz.
Quien camina bajo la mirada de Dios, en su presencia, ha encontrado la forma más plena posible de ser humano, reflejando el rostro divino y la mirada entrañable del Creador, y sintiéndose amado por Él.
Queridos hermanos, que Dios os bendiga, os guarde, vuelva su rostro sobre vosotros y os conceda su favor y su paz, todos los días de este nuevo Año 2025.
Para vosotros y los vuestros: ¡Feliz Año Nuevo! Y la bendición de Dios, con la protección de Santa María, Reina de la paz. Repetimos ahora: “Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros”. Amén.