María de los Dolores García (Loli) y Encarnación Ortiz (Encarna) recibieron, en su parroquia de Cómpeta, la Medalla Pro Ecclesia Malacitana. Su párroco Liviu Marian Bulai les hizo entrega de la medalla y de un diploma, en nombre del obispo Mons. Satué, por su generosidad y entrega a la parroquia.
Tanto Encarna como Loli recuerdan ese día como una gran sorpresa, «íbamos convencidas de darle una sorpresa a nuestro párroco, con motivo del Año Jubilar, pero la sorpresa nos la llevamos nosotras».
Más de 30 años llevan las dos encargándose de tareas y detalles para que la parroquia, «que es como nuestra casa» esté siempre a punto. «Comenzamos encargándonos de las flores, después de las macetas, de cuidar con cariño el monumento del Jueves Santo de cada año», explica Encarna quien, cuando hace falta, «toco también la campana para anunciar la Misa. Tengo ya 82 años pero estoy disponible para lo que sea necesario».
Desde pequeñitas están las dos integradas en la parroquia y son muchos los sacerdotes que han conocido. «Mi marido dice que lo único que me falta es quedarme a dormir en la parroquia», bromea Encarna, para quien su parroquia es tarea principal de su vida, «siempre hay cosas que hacer para que esté arreglada».
Encarna, quien tiene dos hijos y tres nietos, le da gracias a Dios «todos los días, por todo lo vivido, aunque ya sea con algunas dificultades».
También tiene Loli dos hijos y tres nietos, el más pequeño con año y medio, y da gracias a Dios «desde que me levanto hasta que me acuesto: por la vida que me ha dado, por el amanecer, por mis hijos y mis nietos, mi marido… ».
La entrega de la Medalla le ha hecho recordar que desde pequeñita estaba ayudando en la parroquia. «Tendría unos 4 años cuando mi padre, que era de la Hermandad del Santo Cristo, me subía al altar de esa capilla para que pudiera limpiar detrás de unas columnas en las que no entraban más que mis manecitas pequeñas. Me lo agradecían mucho».
«Ser parroquia me llena mucho y me ha dado muchas alegrías, a pesar de los contratiempos que siempre surgen y haya que llevar adelante. En un encuentro diocesano de Liturgia, hace muchos años en el Seminario, nos dijeron que “todo servicio prestado a Dios es liturgia” y a mí eso se me quedó clavado en el corazón, y es lo que intento cada día».