Del 18 al 25 de enero, la Diócesis de Málaga vive la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos con celebraciones y encuentros entre cristianos de distintas confesiones, en un clima de oración, compromiso ecuménico y propuesta de colaboración social. El sábado 24 tiene lugar la celebración en la Catedral, a las 12.30 horas.
En su Carta desde la Fe de esta semana, D. José Antonio Satué destaca que la celebración de la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos, del 18 al 25 de enero, convierte a la Diócesis de Málaga en un gran templo, donde fieles, pastores, sacerdotes y religiosos de diversas confesiones cristianas hacen latir sus corazones al mismo ritmo, acogiendo la súplica del Señor en la Última Cena: «Padre, que todos sean uno, como tú en mí y yo en ti, para que el mundo crea» (Jn 17, 21).
En este marco, señala que la división entre los cristianos sigue siendo un escándalo que resta credibilidad y fuerza a la Buena Noticia del Evangelio, tal como denunciaba el decreto Unitatis redintegratio del Concilio Vaticano II. Subraya que no se puede caer en la resignación ni acostumbrarse a una Iglesia dividida, porque no es el estado natural en el que los cristianos están llamados a vivir la fe. Por ello, anima a trabajar sin descanso para alcanzar una comunión cada vez más plena, que haga posible la unidad en lo esencial y el respeto escrupuloso a la legítima diversidad.
La Carta desde la Fe de Mons. Satué recoge lo que el papa Francisco definió como tres caras del ecumenismo: el de las manos, el de la cabeza y el del corazón, como dimensiones complementarias de una misma llamada a la unidad. En particular, indica que el ecumenismo del corazón está siendo especialmente intenso durante la celebración de estos días por la unidad: católicos, ortodoxos y protestantes unen sus corazones al de Cristo para celebrar la comunión que existe entre quienes comparten un mismo bautismo, como se expresa en las numerosas oraciones ecuménicas celebradas en los templos de las distintas confesiones. Asimismo, explica que el ecumenismo de la cabeza impulsa a profundizar en los principios y fundamentos de la unidad a la que el Señor convoca, destacando en este ámbito el papel fundamental de la teología y la formación ecuménica accesibles en los centros teológicos. Por su parte, el ecumenismo de las manos invita a trabajar y colaborar en todo aquello que resulte posible, recordando que todo cristiano que se acerque con autenticidad al Evangelio escuchará la llamada a servir a los más pobres, en cuyos rostros se reconoce al mismo Cristo sufriente.
En relación con su llegada a la diócesis, el Obispo recuerda que mantuvo un encuentro fraterno con representantes de todas las Iglesias cristianas, en el que pudo agradecer su cálida acogida y propuso poner en marcha un proyecto social común para servir juntos a quienes sufren. Expresa su convicción de que el servicio compartido abrirá caminos hacia la fraternidad y la comunión, al acercar cada vez más a Cristo presente en los pobres. En este sentido, afirma que un proyecto social común podrá hacer realidad el lema del Octavario para este año: “Un solo Espíritu, una sola Esperanza” (Ef 4, 4), en un mundo herido por la polarización, las injusticias y las guerras, que necesita signos concretos de fraternidad y solidaridad con las personas más vulnerables.