El 13 de septiembre de 2025, la Iglesia de Málaga recibía a un nuevo pastor, D. José Antonio Satué. A punto de cumplirse sus primeros doce meses en Málaga, el Obispo es entrevistado por distintas personas de esta porción de la Iglesia universal a la que guía y acompaña.
Una niña, un joven, un matrimonio, una religiosa, un sacerdote, una mujer que ha sido víctima de trata, una cofrade de la provincia... Al cumplirse su primer año como pastor de esta diócesis, representantes de distintos perfiles de la Iglesia de Málaga entrevistan a D. José Antonio Satué sobre la familia, la religiosidad popular, la dignidad de la mujer y la vida diaria de un obispo, entre otros temas.
Rosario Ortiz, religiosa de la Presentación:
¿Cómo podemos colaborar los religiosos y religiosas de la diócesis de Málaga para construir una diócesis unida, profundamente evangélica y eclesial?
La vida consagrada, con toda su diversidad, es un regalo precioso para la Iglesia y, por supuesto, también para nuestra Diócesis de Málaga. Su gran aportación consiste en vivir el propio carisma: misionero, educativo, sanitario, social o contemplativo... Vivir el carisma con las puertas abiertas, sin encerrarse, caminando junto a las parroquias, sintiéndose parte activa de la Diócesis y abrazando su Proyecto Pastoral.
Joanna, víctima de trata del programa Vive y Camina de Adoratrices Málaga:
¿Cómo puede la Iglesia de Málaga sensibilizar sobre la dignidad de la mujer?
La Iglesia ha hecho y sigue haciendo mucho en este ámbito. Un ejemplo muy concreto es el carisma de las Adoratrices, entregadas a acompañar y ayudar a mujeres que han sufrido prostitución, explotación o violencia.
Pero también hemos de reconocer que nos queda mucho camino por recorrer. A mí, personalmente, me entristece cuando en determinados cultos, claustros o espacios de responsabilidad de la Iglesia compruebo que la presencia de mujeres es todavía muy escasa.
A estas alturas, ya deberíamos comprender que la participación más activa de las mujeres en la vida de la Iglesia y en sus órganos de decisión no es una concesión ni un brindis a la modernidad; no perjudica a los varones, es una riqueza para todos.
Carlos Domínguez y Pepa Muñoz, matrimonio de la parroquia de San Miguel (Málaga):
Desde su experiencia, ¿cuáles son los principales desafíos que encuentran hoy las familias de nuestra diócesis y qué orientación o ayuda requieren?
Cada familia tiene su propia historia, pero hoy muchas se enfrentan a dificultades muy concretas: la vivienda, la conciliación, la educación de los hijos, la transmisión de la fe, la atención a los mayores o, sencillamente, el desgaste de las relaciones.
Por eso la Iglesia tiene que estar cerca, escuchar y acompañar. Las familias agradecen espacios donde compartir sus dificultades y sus esperanzas, formación para afrontar los retos de la vida familiar y apoyo profesional cuando llegan las crisis.
¡Ojalá sepamos valorar cada vez más la importancia de la familia y acompañarla con más cercanía y mejores recursos!
Trini Martín, hermana mayor de la cofradía de la Soledad (Vélez):
Tras este primer año entre nosotros, ¿cómo valora la acción evangelizadora de las cofradías?
Valoro muy positivamente la acción evangelizadora de las cofradías. En Málaga y en Melilla tenemos una riqueza enorme de religiosidad popular y, detrás de cada hermandad, hay muchas personas, familias y jóvenes que se forman, viven y comparten su fe. Además, realizan una labor social y caritativa que muchas veces apenas se conoce.
¡Ojalá sepamos seguir animando a las hermandades a participar cada vez más en la vida de las parroquias, del Apostolado Seglar, la Pastoral Juvenil y las distintas iniciativas de la Diócesis! Estoy convencido de que, caminando juntos, tenemos muchísimo que aportar.
Ana Villalón, joven de la parroquia de la Victoria (Málaga):
¿Donde está el límite entre hacer un Dios a tu medida y contextualizarlo en la sociedad actual?
No es fácil responder a esta pregunta, Ana, pero se me ocurren dos criterios que pueden ayudarnos.
El primero: si nuestra fe nunca nos incomoda, no nos mueve, no nos cuestiona ni nos invita a cambiar, probablemente nos hemos fabricado un Dios a nuestra medida. La fe en Cristo siempre nos reta.
Y el segundo: la fe tiene que tocar tierra. Si no nos ayuda a vivir y a comprometernos en nuestra familia, en el trabajo, con nuestros amigos y en la sociedad en la que estamos, corremos el riesgo de convertirla en algo demasiado teórico.
No se trata de cambiar a Dios para adaptarlo a nuestro mundo, sino de descubrir cómo vivir el Evangelio aquí y ahora.
Antonio Aguilera, sacerdote diocesano desde hace 51 años:
D. José Antonio, en nuestro Seminario de Málaga lógicamente se nos inculcaron -y creo que, en buena parte, aprendimos- muchas cosas buenas, planteadas por san Manuel González y su equipo de formadores. Ahora aludo a dos de ellas: "Pastor Bueno, haznos buenos pastores, dispuestos a dar la vida por las ovejas" y "Espíritu Santo, concédenos el gozo de servir a la Madre Iglesia de balde y con todo lo nuestro”.
Con esto de fondo, pregunto: ¿Cómo nos ha encontrado usted al clero de la Diócesis y qué nos aconseja para ser buenos servidores de toda la gente que el Señor pone en nuestro camino?
El clero de Málaga, como sucede en todas las diócesis, es diverso, pero, en líneas generales, los sacerdotes y diáconos están bien formados, son disponibles y viven con generosidad su entrega al ministerio. En ellos se percibe la impronta de san Manuel González, que pedía al Espíritu Santo «el gozo de servir a la Madre Iglesia de balde y con todo lo nuestro».
Pero tampoco podemos negar que existen dificultades, cansancios, momentos de desánimo e incluso cierta tendencia a acomodarnos. Todos estamos llamados a seguir avanzando en el camino de la santidad, a renovar cada día nuestro «sí» al Señor. Como decía el papa León: «Queridos sacerdotes, entréguense totalmente a Él, para que puedan amar a su pueblo con el mismo amor con el que Él lo ama».
¿Cómo hacerlo? Superando la tentación a encerrarnos en nosotros mismos y en grupos excluyentes; cultivando las «cuatro cercanías» del sacerdote, que nos enseñó el papa Francisco: cercanía a Dios, al obispo, a los propios compañeros sacerdotes y al pueblo de Dios.
Victoria Pacheco Villasclaras, de 11 años (Nerja):
Hola Sr. Obispo, me llamo Victoria Pacheco Villasclaras, tengo 11 años y soy de Nerja. Me han pedido que le haga una pregunta a usted y tengo un gran problema, resulta que soy bastante curiosa y no consigo decidir una sola pregunta, así que he elegido varias y si me las puede responder genial, si no le dejo que usted elija la que prefiera:
¿Cómo llegó a hacerse cura y después obispo?
Mi vocación comenzó de una manera bastante sencilla. Siendo adolescente, me impresionaba mucho ver cómo el sacerdote de mi pueblo visitaba a los enfermos, celebraba la Eucaristía, daba catequesis y estaba presente en los momentos importantes de la vida de las personas. Aquello me hizo pensar: «¿Y si este pudiera ser también mi camino?».
La llamada se fue confirmando en la oración y en algunas convivencias vocacionales. Después, en el Seminario, fui descubriendo que ser sacerdote era mucho más de lo que yo había visto en aquel buen cura. También hubo dudas, como es normal. Creo que discernir una vocación no significa tenerlo todo clarísimo desde el primer día, sino ir dando pasos, preguntarse qué quiere Dios de uno y descubrir si ese camino ayuda a vivir con más alegría y a ponerse al servicio de los demás.
Y así en este caminar, me propusieron servir a la Iglesia como Obispo: primero de Teruel y Albarracín y desde hace un año en estas tierras de Málaga y Melilla.
¿Se siente a veces cansado de tanta responsabilidad?
Sí. A veces las responsabilidades y los problemas se acumulan y pesan, como les ocurre a tus papás y a los adultos en general. Pero habitualmente soy feliz y me siento privilegiado porque mi vocación me permite servir a Dios, el Amor de mi vida, hacer mucho bien a las personas y conocer a gente maravillosa como tú.
¿Qué es lo que más le gusta de ser obispo y qué es lo más difícil?
Esta pregunta es fácil. Lo que más me gusta es visitar las parroquias y encontrarme con la gente. Lo que más pereza me da es el “papeleo” que exige la gestión de la Diócesis.
¿Tiene tiempo libre para divertirse?
En los primeros meses he tenido poco tiempo. Este curso he empezado mejor. Ya he conseguido salir a pasear en bici y practicar mi deporte favorito: el frontón. Además, poco a poco voy teniendo amigos y amigas en Málaga con los que compartir momentos bonitos.
¿Es normal tener dudas sobre la fe a veces? ¿Usted las ha tenido?
Es muy normal, Victoria. Yo también las he tenido y de vez en cuando las tengo. La vida es demasiado complicada como para tenerlo todo claro siempre. Las dudas normalmente forman parte del camino de la fe, podemos aprender de ellas y nos sirven para comprender a los demás.
Yo creo que no hay que tener miedo a las dudas, sino acogerlas con confianza, sabiendo que Dios nos acompaña y nos va dando su luz, a veces para encontrar respuestas y otras, sencillamente, para aprender a caminar con ellas.