Durante el tiempo cuaresmal, la Iglesia recomienda tres prácticas para ayudarnos a replantear nuestra relación con uno mismo (el ayuno y la abstinencia), con los demás (la limosna) y con Dios (la oración).
Comenzamos esta semana acercándonos a la primera de ellas con la ayuda del papa León XIV que, en su primer mensaje para la Cuaresma, nos ha invitado «a una forma de abstinencia muy concreta y a menudo poco apreciada, es decir, la de abstenerse de utilizar palabras que afectan y lastiman a nuestro prójimo. Empecemos a desarmar el lenguaje, renunciando a las palabras hirientes, al juicio inmediato, a hablar mal de quienes están ausentes y no pueden defenderse, a las calumnias. Esforcémonos, en cambio, por aprender a medir las palabras y a cultivar la amabilidad: en la familia, entre amigos, en el lugar de trabajo, en las redes sociales, en los debates políticos, en los medios y en las comunidades cristianas».
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El ayuno y la abstinencia de comida son prácticas venerables y recomendables, sin perder de vista otras formas de penitencia, quizá más difíciles para algunos, como la que nos recomienda el Papa, puesto que «no mancha al hombre lo que entra por la boca, sino lo que sale de la boca, eso es lo que mancha al hombre» (Mt 15, 11).
ORACIÓN DEL PAPA FRANCISCO A SAN JOSÉ PARA AYUNAR DE PALABRAS VANAS
San José, hombre de silencio,
tú que en el Evangelio no has pronunciado ninguna palabra,
enséñanos a ayunar de las palabras vanas,
a redescubrir el valor de las palabras que edifican, animan, consuelan, sostienen.
Hazte cercano a aquellos que sufren a causa de las palabras que hieren,
como las calumnias y las maledicencias,
y ayúdanos a unir siempre los hechos a las palabras.
Amén.