Intervención de Mons. José Antonio Satué
en el Encuentro de Comunidades Neocatecumenales
de la diócesis de Málaga
Málaga, 7 de mayo de 2026
Queridos hermanos y hermanas del Camino Neocatecumenal, presbíteros, responsables, catequistas…
La Palabra que Dios nos regala cada día tiene un objetivo claro –lo acabamos de escuchar en este Evangelio (San Juan 15, 9-11)– que la alegría de Dios esté en nosotros y que nuestra alegría llegue a plenitud. No se trata por tanto de una alegría forzada con los labios, sino de una alegría honda del corazón que se manifiesta aun en medio de las tormentas de cada día.
Esta alegría tiene su origen en una experiencia fundante… Dios me ha amado así os he amado yo, dice Jesucristo en el Evangelio. Jesucristo me ama, a mí, con mis contradicciones y pecados, con mis buenas intenciones y mi entrega diaria. A mí. Esta es la experiencia fundamental del cristiano.
Recordad la experiencia de Josefina Bakhita, que cuenta el papa Benedicto en la encíclica Spe Salvi. Nació aproximadamente en 1869 en Sudán. Cuando tenía nueve años fue secuestrada por traficantes de esclavos, golpeada y vendida cinco veces en los mercados de Sudán. Terminó como esclava al servicio de la madre y la mujer de un general, donde cada día era azotada hasta sangrar. Por fin, en 1882 fue comprada por un mercader italiano para el cónsul italiano Callisto Legnani que volvió a Italia. Aquí, después de los terribles «dueños» de los que había sido propiedad hasta aquel momento, Bakhita llegó a conocer un «dueño» totalmente diferente: al Dios vivo, el Dios de Jesucristo. Hasta aquel momento sólo había conocido dueños que la despreciaban y maltrataban. Ahora, por el contrario, oía decir que había un Señor bueno, la bondad en persona. Se enteró de que este Señor también la conocía, que la había creado también a ella; más aún, que la amaba. Al experimentar ese amor ella fue «redimida», ya no se sentía esclava, sino hija libre de Dios.
Para vivir y transmitir esta experiencia de amor de Dios en vuestras familias y comunidades, en la vida de cada día y en la misión concreta de cada cual; para experimentar la alegría de Dios y que nuestra alegría llegue a plenitud, quisiera recordar tres recomendaciones que recientemente el papa León dirigió a los responsables del Camino Neocatecumenal (19 de enero de 2026, Ciudad del Vaticano):
1. Favorecer la libertad interior de cada persona. Recordaba el Santo Padre: «que “donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad” (2 Co 3,17). Por eso, el anuncio del Evangelio, la catequesis y las diversas formas del actuar pastoral deben estar siempre libres de toda forma de coacción, rigidez y moralismos, para que no suceda que puedan suscitar sentimientos de culpa y temores en lugar de liberación interior».
Así pues, en la comunidad cristiana no cabe que una persona diga a otra: “Dios quiere que tú hagas esto o lo otro”. Más bien, se trata de formar a cada bautizado y bautizada para pueda escuchar la voz de Dios en su conciencia. La Iglesia Católica, enseña que “la conciencia es el núcleo más secreto y el sagrario del hombre, en el que está solo con Dios, cuya voz resuena en lo más íntimo de ella” (GS 16); la conciencia es el primero de todos los vicarios de Cristo y, por tanto, tenemos el derecho de actuar en conciencia y en libertad a fin de tomar personalmente las decisiones morales (cf. CIC 1778, 1782 DH3).
2. Promover la experiencia de Iglesia. Mirad, vivimos un momento, en la Iglesia y en el mundo, de repliegue hacia dentro. Estamos tan a gusto en nuestro propio grupo, en nuestra propia comunidad, que corremos el riesgo de desarrollar actitudes maniqueas: dentro de la comunidad están los buenos, fuera los malos. Da la sensación de que fuera de “mi” comunidad no hay salvación (Extra communitatem meam nulla salus).
Frente a esta tentación, decía el papa León a los responsables del Camino: «Como custodios de esta unidad en el Espíritu, os exhorto a vivir vuestra espiritualidad sin separaros nunca del resto del cuerpo eclesial, como parte viva de la pastoral ordinaria de las parroquias y de sus diversas realidades, en plena comunión con los hermanos y, en particular, con los presbíteros y los obispos».
Por tanto, queridos hermanos y hermanas, vivid la fe en pequeños grupos –es un valor precioso e irrenunciable– pero siempre abiertos afectiva y efectivamente a las diversas parroquias y a esta diócesis particular de Málaga, que camina unida en torno al Sucesor de los Apóstoles (se llame Ramón, Antonio, Jesús o José Antonio). No dejéis, pues, de participar en las eucaristías y acciones parroquiales, en las celebraciones y procesos sinodales de la Diócesis.
3. Impulsar la acción evangelizadora. Con el papa León, me uno a la acción de gracias a Dios por el impulso misionero de las Comunidades Neocatecumenales:
«Anunciar el Evangelio al mundo entero, para que todos puedan conocer a Cristo. Precisamente este deseo ha animado siempre y sigue alimentando la vida del Camino Neocatecumenal, su carisma y las obras de evangelización y catequesis que representan una valiosa contribución para la vida de la Iglesia. A todos, especialmente a quienes se han alejado o a aquellos cuya fe se ha debilitado, ofrecéis la posibilidad de un itinerario espiritual mediante el cual redescubrir el significado del Bautismo, para que puedan reconocer el don de la gracia recibida y, por tanto, la llamada a ser discípulos del Señor y sus testigos en el mundo. Animados por este espíritu, habéis encendido el fuego del Evangelio allí donde parecía apagarse y habéis acompañado a muchas personas y comunidades cristianas, despertándolas a la alegría de la fe, ayudándolas a redescubrir la belleza de conocer a Jesús y favoreciendo su crecimiento espiritual y su compromiso de testimonio».
Queridos hermanos y hermanas: favoreced la libertad interior de cada persona, promoved la experiencia de Iglesia, seguid impulsando la acción evangelizadora de la Iglesia; para acoger, disfrutar y transmitir la alegría y el amor que Dios nos regala inmerecida y gratuitamente cada día.