El 8 de febrero es el día central de la campaña anual contra el hambre de la ONG católica para el desarrollo Manos Unidas. El lema elegido para este año es “Declara la guerra al hambre” y es que «en un mundo marcado por la violencia y los conflictos armados, hablar de paz sigue siendo una urgencia.
Pero la paz no empieza cuando callan las armas. Se construye mucho antes: cuando se garantiza una vida digna, cuando se erradica el hambre, cuando se reducen la pobreza y la desigualdad. Porque, donde hay desigualdad, hambre y pobreza, la paz se vuelve frágil y el futuro, incierto. Hambre, pobreza y violencia son un círculo que se retroalimenta». Con estas palabras presenta la campaña la presidenta delegada de Manos Unidas Málaga, Ana Torralba.
Las colectas realizadas el fin de semana del domingo 8 de febrero en las iglesias y templos de la diócesis se destinarán a los proyectos de desarrollo de Manos Unidas pero, además, son muchas las iniciativas creativas que surgen en las diversas parroquias de la ciudad y los pueblos para declarar la guerra al hambre.
Como cada año, la delegación de Manos Unidas en Málaga invita a todos a vivir el Día del Ayuno Voluntario este viernes 6 de febrero. Son muchas las parroquias que organizan cenas del hambre este fin de semana, la delegación la ofrece a las 19.00 horas, en su sede de calle Strachan; y el domingo 8 de febrero, a las 11.30 horas, «todos estamos invitados a participar en la Misa de la Catedral, presidida por el deán, José Manuel Ferrary, y en la que cantará el Coro de la Catedral», explica Ana Torralba.
En toda la diócesis
La parroquia de Álora, explica la presidenta delegada de Manos Unidas en Málaga, «organiza, desde hace años, el primer día de la Semana Blanca, un stand solidario con materiales de Manos Unidas y actividades varias para pequeños y mayores. Lo preparan con mucha ilusión los grupos de post-comunión de la parroquia y la Cofradía del Nazareno de las Torres también organiza una Cena del Hambre en su casa Hermandad».
Son muchas las iniciativas que surgen a lo largo de la geografia diocesana. En la parroquia del Calvario de Marbella, por ejemplo, hacen una paella solidaria en favor de Manos Unidas que, «en el tiempo de pandemia recuerdo la siguieron haciendo pero para llevar», explica Ana Torralba.
La parroquia de Campillos también se implica con diversas actividades a lo largo del año; y, «en Cuevas Bajas son muy originales. Hacen una jornada de juegos tradicionales con mayores y niños, entre ellos el juego del botijo. Después hacen una chocolatada solidaria». En Vélez-Málaga hacen un desayuno solidario con churros artesanos y un mercadillo.
Y la parroquia de Pizarra celebra su Festival de la Solidaridad desde hace 28 años, destinando los beneficios a un proyecto de Manos Unidas. Se celebra en el mes de abril, en la plaza del Ayuntamiento, desde las 13.00 horas, con diversas actuaciones, un mercadillo en el que se pueden obtener productos y camisetas con las que colaborar, una tómbola con premios donados por comerciantes del pueblo, y un servicio de barra para el almuerzo y la merienda.
Son una muestra de la generosidad y creatividad que inunda cada rincón de la diócesis para declarar la guerra al hambre en todo el mundo.
«El hambre es un arma silenciosa más letal que las armas de guerra y que también se utiliza de forma estratégica en los propios conflictos armados», explican desde Manos Unidas. Y es que, «la violencia no siempre llega en forma de guerra. En muchas partes del mundo esa violencia es algo cotidiano: un plato vacío sobre la mesa, una escuela que cierra sus puertas, una familia que no puede garantizar un futuro para sus hijos... Es una violencia que no hace ruido, pero que condiciona miles de vidas y erosiona cualquier posibilidad de paz. El hambre, la pobreza extrema y la exclusión no son solo consecuencias de la violencia, sino también sus causas».
Según los datos de esta ONG católica para el desarrollo, hoy día, 1.100 millones de personas viven en pobreza multidimensional aguda, más de la mitad niños y niñas, y casi el 40% de ellas reside en países afectados por guerra, fragilidad o bajos niveles de paz.
La tasa de pobreza en países afectados por la guerra es del 34,8%, frente al 10,9% en países no afectados. Y, mientras tanto, el gasto militar mundial alcanzó un récord de 2,7 billones de dólares, y la inversión en construcción de paz apenas supuso 47.200 millones, el 0,52 % del gasto militar global.
Allí, donde existe la violencia, la vida queda irremediablemente hipotecada, la infancia destrozada, la dignidad humana negada y la tierra devastada.