El sacerdote diocesano Rafael Vázquez, delegado de Ecumenismo y Relaciones Interconfesionales y director de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe y de la Subcomisión de Relaciones Interconfesionales, acaba de recibir el nombramiento del papa León XIV como consultor del Dicasterio para el Diálogo Interreligioso. La Santa Sede lo hace público al comenzar la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos.
Un nuevo servicio el que se le encomienda, ¡enhorabuena y gracias!
Enhorabuena a la diócesis de Málaga porque, detrás de estos nombramientos hay muchas decisiones, además de la disposición de la persona concreta. Si no hubiera habido personas que se encargaron de enviarme a estudiar y formarme sobre esta tarea pastoral, si no me hubieran dado responsabilidades en el campo del diálogo ecuménico y del diálogo interreligioso, si la diócesis de Málaga no hubiera sido generosa para dejarme trabajar en la Conferencia Episcopal, prestando este servicio a la Iglesia de España… probablemente ese nombramiento no hubiera surgido. Por eso, acojo el nombramiento con alegría. Es otra responsabilidad más pero también un reconocimiento a nuestra diócesis, a la generosidad de nuestros obispos que permiten que, a pesar de tener pocos sacerdotes, algunos nos dediquemos a trabajar más tiempo fuera que dentro.
¿Cuál será su labor como consultor del Dicasterio para el Diálogo Interreligioso?
Un Dicasterio es un organismo de la Santa Sede que ejecuta las líneas de trabajo de la Iglesia Universal. En este caso, en el campo del diálogo interreligioso, fundamentalmente con musulmanes y religiones orientales. Hay distintos campos de trabajo como la formación o el diálogo directo. Cada Dicasterio tiene su Prefecto o presidente, que suele ser un cardenal; y también hay obispos que forman parte de él, como nuestro obispo Mons. Satué es miembro del Dicasterio para los Obispos. Además, también hay un equipo de trabajo más directo de oficiales y el elenco de consultores, que son especialistas a los que convocan varias veces al año y encargan determinadas misiones específicas en función de la especialidad y preparación. Además, se dedican también a aconsejar las tareas que va haciendo el Dicasterio. En ese elenco estaría yo. Gracias a Dios, eso no implica que me tenga que trasladar a Roma, así que seguiré haciendo mis tareas como hasta ahora, sumándole una más. Me trasladaré en ocasiones concretas como los próximos días 26 y 27 para asistir, como consultor, a un grupo de diálogo entre la Iglesia Católica y todas las religiones que hay en Irak.
Es el único sacerdote de la diócesis de Málaga nombrado para un Dicasterio pero en España hay algunos más que desempeñan tareas en Roma, ¿no es así?
Si. Conozco a otros sacerdotes de otras diócesis de España que están trabajando como consultores en el Dicasterio de la Unidad de los Cristianos, también en las iglesias orientales, y otros como oficiales en distintos dicasterios. España tiene varios colaboradores en la Santa Sede, ademas de los Obispos.
¿Qué ha significado para usted que el nombramiento llegue en la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos?
Me habían avisado que se haría público y estaba muy ilusionado de que fuese en esta semana, que la vivimos con tanta intensidad pero, la noticia del accidente ferroviario me ha impactado muchísimo pues una línea que cojo habitualmente y creo que ahora mi corazón está más en la petición y la oración por todas las personas que han fallecido, así como por los heridos, sus familiares y todas las personas que están atendiéndolos, tanto sanitarios como de rescate. Acojo la noticia con alegría pero con el corazón al lado de las víctimas.
De hecho, en la oración de hoy se tendrán muy presentes.
Así es. Hemos pedido que, en toda España, además de rezar hoy por la unidad de los cristianos se tengan presentes a todas las víctimas.
Una petición a quienes lo leen.
Sigamos trabajando por el diálogo, sin cansarnos. El cristiano no se cansa de dialogar porque Dios no se cansó de dialogar. Lo que vamos celebrando cada año envuelto en lo entrañable de la Navidad no es más que un Dios que se hace Palabra y diálogo. Por eso, la Iglesia hoy sigue teniendo que encarnar el diálogo, no a nuestro estilo, sino al estilo de Dios, que da el primer paso y es capaz de hacerse humilde para hablar, del que habla más desde el silencio que con las palabras.